Sus fotos suelen involucrar temas y cosas tales como muerte, sexo, cadáveres (o partes de ellos) y personas marginales como enanos, transexuales, hermafroditas o gente con deformaciones físicas. Sus complejos tableauxs a menudo evocan pasajes bíblicos o pinturas famosas. Esta naturaleza transgresora de su arte ha consternado a la opinión pública en repetidas ocasiones y ha provocado que lo acusen de explotador y que haya sido marginado como artista en diversas ocasiones.

El Witkin oscuro, morboso, y extraño que en un primer momento se forma en nuestra
cabeza tras la contemplación de sus imágenes, resulta ser en realidad un artista comprometido con su mundo, alguien que ha seleccionado un pedazo de realidad para
obligarnos a verla a pesar de nuestro rechazo instintivo hacia lo que él nos muestra.
Su trabajo supone un intento de escarbar en los prejuicios y espejismos de la
sociedad actual para recordarnos lo que somos, una llamada de atención necesaria
a pesar de su crudeza. Es un trabajo difícil, pero alguien tenía que hacerlo.













